Niños refugiados: las conmovedoras fotos de una argentina



Testimonio

Araz Hadjian recorrió uno de esos campamentos en Grecia. Allí retrató a chicos sirios, afganos o paquistaníes y sus familias. Cuenta su experiencia.


 

En su desesperación por salvarse, las madres me entregaban a sus bebés, me pedían que me los llevara, que hiciera con ellos lo que quisiera”, cuenta todavía conmovida Araz Hadjian, argentina, nacida en Alepo, Siria, y de origen armenio. Hace unos meses, pasó una temporada en Idomeni, Grecia, uno de los mayores campamentos de refugiados que recibió en su mayoría a familias sirias, que huyen del Estado Islámico. “Personas de la edad de nuestros padres, suplicaban bajo el sol terrible del verano por un vaso de agua. En el cerco había doble alambrado para evitar que se escaparan y cruzaran la frontera”, detalla Araz. El lugar, que llegó a albergar a unos 12 mil refugiados, fue desmantelado hace unos meses y dicen que funcionaba como un campo de concentración a cielo abierto por las condiciones terribles del asilo. "Faltaba agua, correcta higiene y comida. La gente, muchos mayores, se calcinaba bajo el sol", explica la fotógrafa.

 





Araz pasó tardes despiojando a los chicos y escuchando a las mamás. “La mayoría necesitaba un oído, además de las necesidades básicas. Con algunos, como una maestra de Alepo, sigo en contacto vía chat. Esta gente no tiene más que lo puesto.  Por ejemplo, yo pasaba por el supermercado, compraba un pack de agua y se los llevaba. Se desesperaban por tomarlo. También nos pedían plata para cruzar la frontera. Se nos planteaba un dilema moral sobre la forma de ayudarlos”, resume a los 46 años, quien llegó de muy chica a la Argentina y estudió en el Colegio San Gregorio El Iluminador.

 




Al llegar a Grecia, Araz se encontró con otros argentinos y una española (Matías Quirno Costa, Fernanda Barral, Fátima López y Verónica Navarro) con quienes trabajó en conjunto. Hoy el grupo se ocupa de armar una ONG, Prensa y Acción Humanitaria, con la que buscan dar una mano de manera más formal.

"Algunos días en el campo de refugiados, eran caóticos. Llegaban a las costas de a 30 botes con unas 800 personas cada uno. Los íbamos ayudando como podíamos. Pero hay tanta gente que en medio del alboroto no sabés quién es de ayuda humanitaria y quienes son algunos vivos que aprovechan la situación para hacer más daño. En Turquía, a los nenes refugiados los están haciendo trabajar como esclavos. Y hay muchos chicos que están desaparecidos. Dicen que son unos 10 mil. Vi madres llorar, desesperadas gritando  a los socorristas 'dónde está mi hijo'. Era desolador, sobre todo los primeros días", confiesa.

 





De paso por Buenos Aires, Araz hace una pausa y ofrece un café armenio con algunas delicias orientales con cardamomo y pistacho. En su travesía por el Viejo Mundo, además de Turquía, incluyó recorridos por Irán, Afganistán, Egipto, Rusia y Armenia, donde coincidió con la histórica visita del Papa Francisco. "Viajo sola. No soy una persona miedosa. Y me adapto a cualquier situación. Siempre hay que respetar las costumbres de cada lugar. Y con respecto a los campos de refugiados, muchas veces, escuchando las carencias de estas familias que ya no tienen nada, ellos me terminaban consolando a mi. En estos sitios, siempre recibís mucho más de lo que das", sonríe.







Fecha de publicación: 2016/08/28
Publicado por: centro armenio Categoría: Comunidad Armenia  

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